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martes, 2 de junio de 2026

ROMPIENDO MALEFICIOS

 



ROMPIENDO MALEFICIOS


PASOS PARA ROMPER MALEFICIOS

 

Para romper maldiciones según la Biblia, se recomienda:

La fe en Jesucristo, 

La oración, 

El uso de la Palabra de Dios

 y la búsqueda de la guía del Espíritu Santo. 

Es crucial creer que en Cristo somos libres y renovados, y que su poder puede romper cualquier cadena. 

 

Pasos a seguir

1. Confesión y arrepentimiento:

Reconocer los pecados propios y familiares que pueden haber atraído maldiciones y arrepentirse de ellos, buscando el perdón de Dios. 

2. Creer en la obra redentora de Cristo:

Reconocer que Jesucristo murió en la cruz para liberar a la humanidad del pecado y sus consecuencias, incluyendo las maldiciones. 

3. Declarar la bendición de Dios:

Afirmar las promesas de Dios sobre la propia vida y la familia, creyendo que la bendición de Dios anula cualquier maldición. 

4. Usar la Palabra de Dios (la Biblia):

Leer y meditar en la Biblia, declarando sus promesas y versículos que hablan de liberación y victoria sobre el mal. 

5. Orar con fe:

Buscar la guía del Espíritu Santo, orar por liberación y pedir a Dios que rompa cualquier cadena de maldición. 

6. Buscar la guía de líderes espirituales:

Si hay áreas específicas de dificultad, buscar la ayuda de líderes espirituales para orar y recibir impartición de la unción de Dios. 

7. Perdonar:

Perdonar a aquellos que nos han causado daño, ya que el rencor puede ser una puerta abierta para las maldiciones, (Es necesario a librarnos nosotros mismos de todo rencor que pudiera haber en nuestras vidas)

8. Vivir en santidad:

Apartarse del pecado y vivir de acuerdo con los principios de la Biblia, lo que ayuda a mantener la protección de Dios. 

9. Depender del Espíritu Santo:

Buscar la guía y el poder del Espíritu Santo para vivir una vida victoriosa sobre el pecado y las influencias negativas. 

10. No ceder al miedo:

Mantener la fe y no permitir que el miedo paralice la vida, confiando en que Dios es más grande que cualquier maldición

viernes, 29 de mayo de 2026

CUENTALE A DIOS TODO LO QUE TE PASA.

 





CUENTALE A DIOS TODO LO QUE TE PASA.


I. JESUS QUIERE HABLAR CONTIGO INTIMAMENTE.

  • Derramar el corazón: Dios no busca transparencia.
    • Salmo 62:8: «Pueblo suyo, confíen en él en todo momento; desahoguen ante él su corazón. ¡Dios es nuestro refugio!»
  • Hablar como a un amigo: La oración es comunión íntima.
    • Éxodo 33:11: Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.

 

II. JESUS TE INVITA A QUE LE CUENTES TUS CARGAS A EL, Y LUEGO PUEDAS DESCANSAR.

  • Alivio emocional y espiritual: Guardarnos las cosas produce desgaste. Al expresarlo, soltamos el peso.
    • 1 Pedro 5:7: «Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.»
  • Transformación de la ansiedad en paz:
    • Filipenses 4:6-7: No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios [...] cuidará sus mentes y sus corazones.

 

III. JESUS TE CONOCE MEJOR QUE NADIE Y TE COMPRENDE.

  • Conocimiento absoluto: No podemos ocultarle nada, pero al verbalizarlo reconocemos nuestra necesidad de Él.
    • Salmo 139:4: «Aun antes de que yo hable, tú, Señor, sabes exactamente lo que voy a decir.» (NTV)
  • Compasión garantizada: Dios no nos juzga al escuchar nuestras angustias, nos ofrece gracia.
    • Hebreos 4:16: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

IV. JESUS TE PONE EN LINEA CON LOS PROPÓSITO DE EL.

  • Reconocer su soberanía: Al contarle nuestros planes y frustraciones, abrimos la puerta para que Su voluntad se haga.
    • Proverbios 16:9: En su corazón el hombre traza sus planes, pero el Señor determina sus pasos.
  • La promesa de la providencia:
    • Romanos 8:28: Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene.

 

CONCLUSIÓN:
Contar lo que nos pasa a Dios no es para informarle, sino para transformarnos a nosotros. Es el acto de humildad mediante el cual reconocemos que lo necesitamos, cambiamos nuestras preocupaciones por Su paz y fortalecemos nuestra fe.